
“¡Queridos hermanos y hermanas!
Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual).” [Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2009]
Entonces, la Cuaresma… ¿qué implica?
* Una llamada de Dios al corazón.
* Son 40 días para reflexionar sobre lo que creemos.
* Una oportunidad para convertirse al Evangelio.
* Un momento para analizar el proyecto personal de vida.
* Un tiempo de oración, dejándose reconciliar por Dios.
* Permitiendo que Cristo ilumine mi desierto.
* Afinando el oído para escuchar al hermano.
* En síntesis, un tiempo de preparación para la Pascua.
Cuaresma… Lo que no es:
* 40 días de tristeza.
* Recibir ceniza en la cabeza, sin saber lo que significa.
* Dejar de comer carne los viernes por costumbre.
* Pensar en Jesús sólamente crucificado.
* Preparar las vacaciones de Semana Santa.
* Vivir sin que te importe la gente, pero rezar mucho.
* Sacrificarse, hacer ayuno, y andar de mal genio.
* Celebrar el Via Crucis y no vivir como Jesús.




