SABIDURÍA
Es el gusto para lo espiritual, la capacidad de juzgar según la medida de Dios.
Es el primero y mayor de los siete dones.
Catequesis de S.S. Juan Pablo II
La sabiduría “es la luz que se recibe de lo alto: es una participación especial en ese conocimiento misterioso y sumo, que es propio de Dios. Esta sabiduría superior es la raíz de un conocimiento nuevo, un conocimiento impregnado por la caridad, gracias al cual el alma adquiere familiaridad, por así decirlo, con las cosas divinas y prueba gusto en ellas. “Un cierto sabor de Dios” (Sto. Tomás), por lo que el verdadero sabio no es simplemente el que sabe las cosas de Dios, sino el que las experimenta y las vive.”
Además, el conocimiento sapiencial nos da una capacidad especial para juzgar las cosas humanas según la luz de Dios. Iluminado por este don, el cristiano sabe ver interiormente las realidades del mundo: nadie mejor que él es capaz de apreciar los valores auténticos de la creación, mirándolos con los ojos de Dios.
Gracias a este don, toda la vida del cristiano, con sus acontecimientos, sus aspiraciones, sus proyectos, sus realizaciones, llega a ser alcanzada por el soplo del Espíritu, que la impregna con la luz “que viene de lo Alto”, como lo han testificado tantas almas escogidas también en nuestros tiempos… En todas estas almas se repiten las “grandes cosas” realizadas en María por el Espíritu Santo.
Por la sabiduría juzgamos rectamente de Dios y de las cosas divinas por sus últimas y altísimas causas bajo el instinto especial del Espíritu Santo, que nos las hace saborear por cierta connaturalidad y simpatía. Es inseparable de la caridad.
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