ROMA, domingo, 30 marzo 2008.
Una malentendida compasión por los enfermos sigue con sus intentos de legalizar la eutanasia. El parlamento de Luxemburgo votó hace poco a favor de una ley que permita su práctica.El primer ministro, Jean-Claude Juncker, y su Partido Social Cristiano se opusieron a la ley, pero fue aprobada. Antes de dar la aprobación final a la legalización de la eutanasia, Luxemburgo podía haber examinado lo ocurrido en otros países. En Holanda, la práctica de la eutanasia para adultos enfermos terminales está ahora extendiéndose a los bebés. En el 2005, se hacía público el así llamado Protocolo de Groningen, determinando bajo qué circunstancias los doctores podrían matar a un recién nacido. Aunque la práctica recibió duras críticas, un artículo en el ejemplar de enero-febrero de la revista de bioética Hastings Report la defendía. Hay poca oposición a poner fin a las vidas de los recién nacidos, al menos en la mayoría de las situaciones. Distinguían tres categorías de casos:
- Aquellos que no tienen posibilidades de sobrevivir.
- Aquellos que tras un tratamiento intensivo se enfrentan a un duro futuro con graves problemas.
- Más controvertido es el caso del tercer grupo que no dependen de un tratamiento médico intensivo, y que pueden sobrevivir durante años, incluso hasta la edad adulta. Entre los ejemplos de esta categoría mencionaban a quienes tienen parálisis progresiva, dependencia completa o discapacidad permanente para comunicarse.
«Al dar posibilidades a estos bebés que no están en peligro de morir – y, de hecho, con los cuidados apropiados podrían vivir hasta la edad adulta – el protocolo es incluso más radical que sus supuestos críticos», observaban.
Muerte preventiva
El protocolo deja la puerta abierta a la eutanasia para bebés cuyo sufrimiento tendrá lugar sólo en el futuro, y que en su situación actual no sufren dolores graves.
¿Está permitido que un doctor lleve a cabo «acciones preventivas letales antes de que haya sufrimiento alguno»?, se preguntan Lindemann y Verkerk (autores del protocolo). La inquietante respuesta es: «No podemos ver razón alguna por la que, al menos en algunos casos, el curso más responsable de actuación no sea poner fin a la vida de un niño ante el avance de un sufrimiento intenso e imposible de evitar que de otra manera seguramente que estaría destinado a aguantar».
La experiencia en Norteamérica, donde el estado de Oregón aprobó el suicidio asistido en 1994, también suscita preocupación. Se criticaba la disposición de la ley de Oregón que permite que un doctor ayude a suicidarse a un enfermo mental o a un paciente deprimido. Resulta preocupante, observaba, considerando que, según el último informe oficial del estado, los doctores hayan hecho evaluaciones psicológicas o psiquiátricas sólo al 4% de los pacientes de suicidio asistido.
Leyes flexibles
Incluso sin la legalización explicita en algunos casos el sistema legal mira con una clemencia cada vez mayor a las personas implicadas en el suicido asistido. En Canadá, el National Parole Board decidió dejar libre a Robert Latimer, condenado en 1993 por asesinar a su hija Tracy, que sufría de parálisis cerebral, informaba el periódico National Post el 28 de febrero. Latimer sostuvo que fue un «asesinato por misericordia», pero fue condenado por asesinato. Su sentencia de prisión comenzó en el 2001. El año pasado se le negó la libertad bajo palabra, dado que rechazó admitir que había obrado mal. Las autoridades, sin embargo, han cambiado pronto de parecer.
En Inglaterra, Robert Cook admitía el homicidio involuntario de su esposa Vanesa, pero su condena fue suspendida, informaba la BBC el 1 de febrero. Cook había ayudado a su esposa, que sufría de esclerosis múltiple, a suicidarse. El tribunal sentenció a Cook a 12 meses de cárcel, sentencia suspendida por dos años.
«Las leyes contra el asesinato, contra el matar a alguien, son algo vital para la protección de los más vulnerables de la sociedad», comentaba a la BBC But Andrea Williams, de la organización Care Not Killing. Las organizaciones pro eutanasia, sin embargo, han aprovechado la ocasión para renovar sus peticiones a favor de los cambios legales que permitan el suicidio asistido. No es una buena idea, afirmaba el 5 de febrero Mick Hume, columnista de opinión del Times.
Hume observaba la tendencia de los tribunales a ver con clemencia a quienes ayudan a un enfermo a suicidarse. Esta tendencia puede conducir a casos trágicos, advertía. Citaba el caso Jennifer Allwood, que pensó que sería un acto de misericordia ahogar a su padre de 67 años que tenía cáncer. Su padre no quería saber nada del asunto, y fue capaz de luchar por sobrevivir. A pesar de esto, Hume observaba que el pasado diciembre sólo impuso una pena en suspendida a Jennifer Allwood.
El valor de la vida
Benedicto XVI ha hablado claramente de la necesidad de respetar el valor de la vida humana ante los intentos de legalización de la eutanasia. «Aunque es verdad que la vida humana en cada una de sus fases es digna del máximo respeto, en ciertos aspectos lo es más aún cuando está marcada por la ancianidad y la enfermedad», decía el pasado 17 de noviembre a los participantes al congreso internacional organizado por el Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud.
«La actual mentalidad eficientista a menudo tiende a marginar a estos hermanos y hermanas nuestros que sufren, como si sólo fueran una ‘carga’ y un ‘problema’ para la sociedad», comentaba el Papa. Deberíamos hacer todo lo que podamos por aliviar el dolor causado por la enfermedad, pero, al mismo tiempo, indicaba, es necesario que demostremos nuestra capacidad de amar y nuestro sentido de la dignidad humana.
El Pontífice animaba también a sus oyentes a aprender del ejemplo de Cristo en la cruz y usar su amor por nosotros para sostenernos en los momentos de prueba.
El creciente número de ancianos están amenazados por una combinación de presiones económicas y por una visión utilitarista de la persona, advertía el Papa. Pedía a las instituciones de la Iglesia y a las parroquias que crearan un ambiente de solidaridad y caridad para quienes están cerca de la muerte y, al mismo tiempo, reafirmaba la larga enseñanza de la Iglesia sobre la inmoralidad de la eutanasia directa.
El pontífice también citaba un pasaje de su reciente encíclica «Spe Salvi»: «Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana» (No. 38).
Por el padre John Flynn, L. C.; traducción de Justo Amado
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A mi me parece que la eutanasia, entendida como hacer o dejar de hacer algo para provocar la muerte de una persona, es una falta a la ética médica por cuanto las acciones médicas han de dirigirse a la supervivencia del paciente y no a su destrucción.
Un médico, una vez hecho un diagnóstico ha de tratar la enfermedad para que la persona recobre la salud y, a mi parecer, provocar la muerte no es tratamiento de ninguna cosa.
Después, me parece que más que una muerte asistida, la eutanasia lo que hace es sacarle al médico el cacho y al paciente la lástima que se provoca a sí mismo. Por siempre alguien que llega a pedir que lo maten es porque se tiene lástima a sí mismo. Te parece que morir en ese estado sea “bien morir” A mi me parece que no.
Por el contrario, creo que esto nos plantea un desafío enorme de poder acompañar ese dolor y ese sufrimiento; acompañar a la persona que sufre para darle sentido a su padecimiento. Ayudar a la persona a cerrar procesos y lograr la paz. Eso es una muerte asistida, un “bien morir. ¿Cómo se hace eso? Me parece que hay que darle más vueltas al asunto, pero una vez escuché decir a alguien que el sufrimiento es la otra cara del amor y que, por lo mismo, es una exigencia de amor.
¿Qué opinan ustedes?
Hola todos!!
este tema me ha dado vueltas muchas veces…y al igual q Yvan pienso q es para “sacarse el cachito”, para acabar con el asunto rapidamente. Pienso que los seres humanos no podemos decidir cuando se termina una vida porque si. Del dolor y el sufrimiento siempre se puede sacar una buena experiencia. Es cierto que hay enfermedades q son mu dolorosas sobre todo desde el ámbito físico y por supuesto puede ser mucho más del espiritual, pero siempre se puede salir del sufrimiento con amor. He ahi la tarea y el gran desafio acompañar en ese dolor y entregar cuidados (como seria mi pega) en ese dolor, para q esos minutos sean los más dignos para una persona y pueda vivir de mejor manera esos último minutos. No solo desde lo fisico, sino desde lo familiar y tambien espiritual, para q pueda resolver esos “asuntos pendientes”. La eutanasia me parece q no dignifica a las personas, al contrario las reduce a lo fisico, a lo material, y no considera lo q realmente nos hace personas: el alma.
saludos!!
Yo creo que lo de la eutanasia es un reflejo de nuestro gran temor al sufrimiento. El dolor, el sufrir es visto como lo peor que te podría pasar, con un miedo inmenso, pues el ser humano no está acostumbrado a aprender de las experiencias negativas. La falta de sentido del sufriento que experimentamos nos hace sentir vacíos al ver a otro sufrir. Pero el problema se basa en no darle un sentido al sufrimiento, el sufrir por sufrir nunca va ser deseado, pero desde el momento en que le damos un sentido a nuestra experiencia de sufrimiento la hacemos mas llevadera y con una idea de trascendencia. Por otra parte, está el hecho de que los profesionales de la salud muchas veces no tienen incorporado el tema en sus vidas, y por lo mismo su actuar puede responder a sus problemáticas personales, por ejemplo, al ver el sufrimiento o las nulas posibilidades de cura como un fracaso buscan deseperadamente eliminar el dolor, sin pensar en los aprendizajes que para un paciente puede tener la experiencia de sufrimiento, y por supuesto, tambien para los profesionales de la salud.
Por ùltimo, creo que para buscar un atención de salud centrada en el paciente y que valore la vida es necesario que médicos, enfermeras, y otros profesionales de la salud se planteen estos temas como el sentido del sufrimiento, de la muerte, de la enfermedad y de la libertad en forma personal e ìntima, pues las porturas personales influyen inmensamente en nuestro actuar.